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Jul 31, 2015 | Lynette Wilson

Comienzan el despeje del terreno en la catedral de la Santa Trinidad en Haití

[Episcopal News Service] El 20 de julio, más de cinco años y medio después de que un catastrófico terremoto destruyera la catedral de la Santa Trinidad en Puerto Príncipe [Haití], un grupo de obreros empezó a despejar el sitio, segmentando el área de trabajo, removiendo ladrillos, baldosas de terracota, secciones de las paredes de la catedral y otros restos que en algún momento serán incorporados en la construcción de la nueva catedral.


“Esto es un gran signo de esperanza para el pueblo haitiano. Empecé a decir para los episcopales de Haití, pero en verdad, la significación de la catedral de la Santa Trinidad trasciende a nuestra comunidad religiosa para abarcar a la sociedad en general”, dijo el obispo Stacy Sauls, director de operaciones de la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera (DFMS), el nombre legal y canónico con el cual la Iglesia Episcopal está incorporada, funciona empresarialmente y lleva a cabo la misión.


“Y, acaso lo más importante de todo, el comienzo de esta obra es un signo de la familia espiritual de que formamos parte, un símbolo visible entre la Iglesia haitiana y el resto de la Iglesia Episcopal. En verdad somos ‘uno en el Espíritu’”, siguió diciendo él.


La Diócesis Episcopal de Haití es, en número de fieles, la más grande de las 109 diócesis de la Iglesia Episcopal. Casi inmediatamente después del terremoto, la Iglesia comenzó una campaña de recaudación de fondos para reconstruir la catedral de la Santa Trinidad, un importante centro espiritual, docente y cultural localizado en el mero centro de Puerto Príncipe. Los planos arquitectónicos para el proyecto que se calcula en $25 millones se dieron a conocer en 2013.

 

Unos obreros levantan una cerca roja de metal el 20 de julio para proteger el lugar de trabajo. Foto de la Diócesis de Haití.


“El proyecto de limpieza en los terrenos de la catedral es un agradable primer paso en la construcción de la estructura sagrada más importante de la Diócesis de Haití”, dijo el Rvdmo. Jean Zaché Duracin, obispo de Haití, añadiendo que está agradecido a los generosos donantes que han apoyado el empeño de la reconstrucción en los últimos cinco años. “Es un gran suspiro de alivio de mi parte y de parte de todos los que participamos en el proceso de la reconstrucción, ciertamente, todos participamos”.


Reconstruir la catedral de la Santa Trinidad “es más que un mero edificio, es un signo de esperanza”, dijo el Rdo. David Boyd, encargado de donaciones extraordinarias para Haití y director interino de la oficina de desarrollo de la DFMS.


La Santa Trinidad se ajusta al concepto antiguo de una catedral como centro de luz, espiritualidad, artes y conocimiento, dijo Boyd.


La diócesis trasladó un estacionamiento que usaba los días hábiles un banco que queda frente al complejo de la catedral a fin de crear espacio para el despeje del lugar. Durante la primera jornada de los 45 días que se espera dure el proyecto, los obreros levantaron una cerca de metal para proteger el sitio de la obra y comenzaron a delimitar secciones de la antigua catedral y a hacer un inventario de restos y sus localizaciones, con la intención de restaurar secciones de paredes que aún se mantienen en pie, ladrillos y otros detalles arquitectónicos a sus lugares originales en el nuevo diseño.


Los obreros deben también exhumar cadáveres de las criptas que se encuentran debajo de la planta de la catedral para volverlos a inhumar dentro del complejo.

 

Secciones del muro exterior de la catedral de la Santa Trinidad que resistieron el catastrófico terremoto de magnitud 7 y que serán incorporadas a la nueva catedral. Foto de la Diócesis de Haití.


Considerada durante mucho tiempo como “alma espiritual y cultural de Haití”, el complejo de la catedral de la Santa Trinidad alberga un espacio de culto temporal, una escuela primaria y secundaria y una escuela de música de categoría mundial que ahora está funcionando en lo que era el convento de las Hermanas de Santa Margarita.


El lugar de la catedral como alma de Haití se refleja en 14 murales que representan relatos bíblicos y escenas religiosas hechas con motivos haitianos y que se alineaban en los muros interiores del edificio. Las pinturas, que quedaron terminadas entre 1950 y 1951, fueron obra de algunos de los pintores haitianos más conocidos del siglo XX. El obispo que encargó los murales, Alfred Voegli, fue criticado en esa época por permitir que el vudú formara parte de los motivos haitianos utilizados en los murales. Ahora esas pinturas son vistas como un momento importante en el desarrollo del arte haitiano.


No está claro aún cuando comenzará la construcción de la nueva catedral, dijo Sauls, añadiendo que el continuo aumento de los costos de construcción constituye un reto al trabajo en Haití, pero que él espera que la construcción empezará pronto.


“Otro reto, y éste con frecuencia se olvida, es que la catedral misma es sólo parte de un complejo mayor de ministerios… Un reto es trabajar en todos estos proyectos juntos para coordinar un enfoque unificado”, afirmó Sauls. “Y, por supuesto, el dinero es un reto. Necesitamos que la Iglesia en todo el mundo, y especialmente en el ámbito de la Iglesia Episcopal, ayude a llevar las cargas de nuestros hermanos y hermanas en Haití. Que en eso consiste el Evangelio. Ellos nos necesitan, pero tan significativamente como nosotros los necesitamos. Esta es nuestra Iglesia en Haití”.


Para los principales beneficiarios del complejo, episcopales y estudiantes, el despeje de la propiedad es una importante señal de esperanza de que una nueva catedral se levanta en el horizonte —y que esta parte de su ciudad será relevante otra vez, dijo Sikhumbuzo Vundla, director de operaciones de la Diócesis de Haití.


“Para los devotos y los fieles es un sentimiento entrañable, del júbilo que se impondrá al dolor y al sufrimiento padecidos inmediatamente después del terremoto y de la fuerza que les ha costado soportar este duelo durante cinco años”, afirmó. “El duelo por las vidas perdidas nunca cesará, pero la resurrección de la nueva catedral aliviará el sufrimiento, puesto que la catedral de la Santa Trinidad era muy querida no sólo para la comunidad haitiana, sino también para todos los visitantes y personas de todos los ámbitos de la sociedad”.


El 12 de enero de 2010, Haití sufrió un terremoto de magnitud 7 que mató a más de 300.000 personas, dejó a muchas otras lesionadas y desplazó a más de un millón y medio en lo que fue uno de los peores desastres naturales del mundo de los tiempos recientes. En cuestión de segundos, la diócesis perdió el 80 por ciento de su infraestructura en Puerto Príncipe y Léogâne, el epicentro del terremoto a menos de 32 kilómetros al oeste de la capital.


Inmediatamente después del terremoto, las personas desplazadas buscaron albergue y ayuda humanitaria en 1.500 campamentos, y el gobierno y las agencias internacionales de socorro se comprometieron a contribuir con miles de millones de dólares para reconstruir la nación caribeña, considerada durante mucho tiempo la más pobre del Hemisferio Occidental.


Más de cinco años después, es importante que los episcopales sigan estando conscientes de la situación en Haití.


“La conciencia conduce a la oración; y la oración a la acción. Uno de mis héroes espirituales, James Otis Sargent Huntington, que fundó la Orden de la Santa Cruz, dijo: ‘el amor debe actuar de la misma manera que la luz brilla y el fuego quema’”, dijo Sauls. “Asimismo, la oración debe actuar porque la oración verdadera encuentra su significado en el amor. De momento, oramos. Pero eso debe conducirnos a la acción. De momento esas oraciones pueden hacerse y esa acción llevarse a cabo a través de la Oficina de Desarrollo de la Iglesia Episcopal”.

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