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Aug 28, 2017 | The Rt. Rev. Andy Doyle

El huracán Harvey y nuestra misión

Permítanme comenzar dándole las gracias a todos nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo que nos están apoyando en oración. Estamos agradecidos por la esperanza que nos brindan en este momento de miedo y desastre.

Estamos en contacto con muchas personas y sabemos que el desastre se extiende por toda la zona sur de nuestra diócesis. Es posible que esta área sea mayor mientras la tormenta se mueve lentamente y avanza a través del estado.

Estamos siguiendo el consejo de nuestros funcionarios públicos de resguardarnos a fin de permanecer seguros mientras ellos se centran en los que están en peligro más inminente.

Por favor oren por lo clérigos y laicos que han sufrido inundaciones en sus hogares. Oren también por aquellos que necesitan rescate y están siendo rescatados. Tenemos un número de socorristas que también necesitan nuestras oraciones mientras ellos han dejando a sus seres queridos para ayudar con las operaciones de rescate.

Enfatizamos que tenemos que esperar hasta que el peligro haya pasado para responder adecuadamente y no complicar las operaciones de rescate en curso.

Nuestro plan de respuesta a esta emergencia incluye lo siguiente:

  1. Estamos en modo de espera hasta que pase la tormenta.
  2. Hemos realizado una prueba efectiva de nuestra Alertmedia, nuestra aplicación para comunicarnos con los líderes y encargados de las congregaciones y el personal en emergencias.
  3. Hemos estado en contacto con la familia clerical en las áreas afectadas y hemos escuchado de ellos acerca de sus situaciones. Esta tarde utilizaremos Alertmedia para obtener más información.
  4. Una vez que la tormenta y el peligro hayan pasado, comenzaremos a planear el despliegue de nuestros equipos de Cuidado Espiritual a las áreas afectadas.
  5. Estamos y continuaremos evaluando los daños en el área de tal manera que obtengamos información de múltiples fuentes y así valorar la formas en que podemos dar una respuesta e
  6. Se desarrollará una estrategia global y se gestionará una respuesta coordinada en colaboración con nuestras congregaciones. A fin de implementar una estrategia clara y coordina

Mientras escribo estas palabras, comparto la tristeza, el miedo, la incertidumbre y el dolor que llenan nuestras mentes y corazones a raíz del huracán y la tormenta tropical Harvey. Las ciudades costeras a lo largo del Golfo de Texas han sido destruidas, y las inundaciones catastróficas han dejado gran parte de Houston bajo el agua. Verdaderamente esta tormenta nos ha puesto a todos de rodillas, y nuestro único recurso es unirnos al rey David en su súplica por la misericordia: "Sálvame, oh Dios, porque las aguas se han levantado hasta mi cuello" (Salmo 69: 1).

Dos de las imágenes más poderosas en las Sagradas Escrituras presentan a Jesucristo ejerciendo autoridad sobre el mar. Jesús ordena al mar tempestuoso que se calme: "¿Quién es éste?" Preguntan los discípulos. "Porque aun los vientos y el mar le obedecen" (Mateo 8:26). En un pasaje diferente, Jesús camina sobre el mar (Mateo 14:26). El tema central del autor bíblico es claro: afirmar, que el poder de Dios para salvar, renovar, sanar y restaurar es infinitamente mayor que el poder del mar para destruir. El Dios que conocemos en Jesucristo permanece para siempre "entronizado en medio del diluvio" (Salmo 29:10).

Es en esta afirmación que esperamos la sanidad juntos y, de acuerdo con nuestros votos bautismales, nos comprometemos a ser vías por medio de los cuales Dios trae sanidad y renovación a los demás. También nos comprometemos a permitir que otros seres humanos sean caminos a través de los cuales Dios provee sanidad y renovación.

No sabemos el futuro de Harvey o de la ciudad de Houston. Pero como Jesús dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán" (Mateo 24:35). "Nunca te dejaré", dice nuestro Señor de pie sobre las olas. "Nunca te desampararé" (Hebreos 13:5).

Mis oraciones, las oraciones de su personal diocesano, y/o la familia global están con ustedes. Jesús está contigo.

Oremos:

Padre Celestial, en tu Palabra nos has dado una visión de la ciudad santa donde la tierra estará llena del conocimiento de la gloria del SEÑOR tanto como las aguas que cubren el mar: se con nosotros y visita las ciudades de la tierra devastadas por el huracán Harvey. Sustenta a los desplazados por la tormenta con comida, agua limpia y todas las demás necesidades corporales de la vida. Recuerda especialmente a todos los pobres y olvidados que sería fácil no tener presente: los desamparados, los desvalidos, los ancianos y los enfermos, y todos los que no tienen a nadie que los cuide; Que entre todos los cambios y posibilidades de esta vida mortal, siempre podamos ser defendidos por tu gracia y ayuda; a través de Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.

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