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Apr 04, 2018 | The Rev. Alex Montes-Vela

El Rdo. Alex Montes-Vela comparte su perspectiva de Pascua

"¡Está saliendo humo del garaje!" mi mamá gritó. "¡Tenemos que salir de la casa!" mi hija Alissa respondió.

Acababa de enviar un mensaje de texto con una foto de mi carro para celebrar que ya lo tenía de regreso (habían terminado de arreglarlo después de un choque). Mi hermana respondió a mi mensaje diciendo, "Uuuuu," y mi papá diciendo, "Gracias a Dios." Mientras estaba leyendo estos textos, recibí una llamada de Alissa. "¡Papá, la casa se está quemando!" Ella estaba esperando que llegaran los bomberos.

Un segundo hay celebración; al siguiente hay tragedia. Una imagen de un automóvil recién pintado, una imagen de una casa en llamas.

Esto mismo escuchamos, vemos y vivimos, durante la Semana Santa: una entrada triunfante el Domingo de Ramos, luto el Viernes Santo. Pero la historia no termina allí.

Leemos en el Evangelio Según San Juan (Juan 20:1-18) que María Magdalena estaba llorando junto al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús. La piedra que tapaba la entrada del sepulcro había sido movida, y Simón Pedro y otro discípulo entraron dentro y la encontraron vacía.

Y mientras María Magdalena lloraba,

“se agachó y miró adentro. Vio a dos ángeles vestidos con vestiduras blancas, uno sentado a la cabecera y el otro a los pies, en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús.

‘Apreciada mujer, ¿por qué lloras?’ le preguntaron los ángeles.

‘Porque se han llevado a mi Señor,’ contestó ella, ‘y no sé dónde lo han puesto.’

Dio la vuelta para irse y vio a alguien que estaba de pie allí. Era Jesús, pero ella no lo reconoció.

‘Apreciada mujer, ¿por qué lloras?’ le preguntó Jesús. ‘¿A quién buscas?’

Ella pensó que era el jardinero y le dijo, ‘Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo puso, y yo iré a buscarlo.’

‘¡María!’ dijo Jesús.

Ella giró hacia él y exclamó, ‘¡Raboní! (que en hebreo significa “Maestro”).’”

Le doy gracias a Dios que mis padres y mi hija estén bien, y que salieron a salvo el día del incendio en marzo del 2013. Sin embargo, sé que fue una experiencia dolorosa, difícil e incómoda. Pero mis padres y mi hija—desde el momento en que llegaron los bomberos, arriesgando sus vidas para apagar el fuego, y en el momento en que un vecino le trajo una cerveza a mi mamá, porque quería hacer algo, hasta el momento en que los miembros de la iglesia de mis padres vinieron a consolarlos y quienes comenzaron a colocar tablas sobre las ventanas rotas y sobre la puerta quemada del garaje para asegurar la casa—pudieron escuchar una voz familiar llamando sus nombres, así como María Magdalena escuchó a Jesús llamar su nombre.

Esto es la vida de Resurrección. Esto es lo que recordamos y celebramos el Domingo de Pascua, el Domingo de Resurrección: en medio de la tragedia, el dolor, el fuego, las cenizas, cuando queremos rendirnos, escuchamos una voz familiar que llama nuestro nombre. ¡Y estas son Buenas Noticias!

Pero no nos podemos quedar con las Buenas Noticias. Tenemos que compartirlas.

Después que María Magdalena reconoció a Jesús, él le dijo que vaya a donde se encontraba los demás discípulos. “María Magdalena encontró a los discípulos y les dijo: ‘¡He visto al Señor!’” (Juan 20:18)

Un año después del incendio, familiares y amigos celebramos una Bendición de Hogar en la casa “reconstruida” Mi papá dio gracias a Dios y a los presentes por su ayuda durante el año anterior y por las maneras que había “visto al Señor.”

Decimos “¡He visto al Señor!” cuando escuchas a una amiga o un amigo que esta pasando por un tiempo dificultoso. Decimos “¡He visto al Señor!” cuando llamas o le mandas un texto a alguien que necesita palabras de aliento. Decimos “¡He visto al Señor!” cuando ayudamos a alguien a cambiar la llanta ponchada de su carro. Decimos “¡He visto al Señor!” cuando decimos, “perdóname,” “te perdono,” “gracias,” “te amo.” Decimos “¡He visto al Señor!” cuando le damos de comer a los que tienen hambre, cuando le damos ropa a los que necesitan algo con que vestirse, cuando le damos de beber a los que tienen sed, aun cuando es una cerveza, si es lo único que tenemos.

Así que al celebrar el Domingo de Pascua, el Domingo de Resurrección, aceptemos la invitación y llamado de Jesús de decir con todas nuestras fuerzas, “¡He visto al Señor!”

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