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Dec 10, 2018 | The Rev. Pedro Lopez

Abriendo el corazón a la generosidad

…Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto. —Lucas 3:4

Había un hombre llamado José que era pobre y anciano. José se ganaba la vida vendiendo ropa frente de su casa. Él siempre había querido conseguir una bicicleta para poder salir a vender su ropa por el vecindario. Finalmente, un día pudo comprar una bicicleta vieja en una venta de chatarra y se dedicó esmeradamente a arreglarla, a equiparla y a pintarla. Apenas si había terminado de arreglar su bicicleta cuando se encontró con su amigo Juan quien se dedicaba a vender tacos en una bicicleta por el barrio y con eso sostenía su familia. Juan le comentó con lágrimas en los ojos que unos ladrones habían entrado a su casa y le habían robado la estufa y su bicicleta con la cual salía a vender sus tacos. Juan le dijo: “Un primo me ha regalado una estufa pequeña pero ahora voy a tener que cargar todas las cosas que necesito para vender los tacos y no sé cómo le voy a hacer.” El anciano se llenó de compasión por su amigo y le dijo: “Amigo, yo tengo una bicicleta. Quiero que vayas a recogerla en mi casa para que mañana mismo comiences a trabajar.” Juan le abrazó y le agradeció inmensamente.

Un acto de generosidad puede transformar la vida de una persona, de una familia, de una comunidad. ¡Imagínate si todos los cristianos practicáramos la generosidad con gran amor y sacrificio como lo hizo José en esta historia! Seguramente tendríamos familias más sanas y felices. Con seguridad tendríamos vecindades donde nadie pasaría hambre, donde nadie tendría que vivir en la calle o mendigar el pan de cada día. Ciertamente tendríamos una sociedad con menos personas tristes, deprimidas, sin trabajo, sin servicios médicos, entre otras cosas. Cada uno de nosotros desde nuestra posición como ciudadanos, maestros, enfermeros, etc., tenemos múltiples oportunidades para ser generosos. Todos poseemos cosas que guardamos por mucho tiempo y nunca usamos. Quizá sea tiempo de darlas a una persona que sí las necesita. Tal vez hoy sea el tiempo propicio de donar nuestro tiempo, dinero o talentos a una institución que ayuda a los más necesitados.

Lo bello de realizar un acto de generosidad es que puede llegar a ser contagioso. La persona que es bendecida con un acto de caridad, con el tiempo, tendrá la oportunidad de bendecir a otra persona que necesita, y así, esta cadena de amor y de generosidad puede crecer de forma maravillosa y expandirse por todas partes.

La mejor manera de estar preparados y de preparar el camino del Señor en nuestra vida, en nuestra familia y congregación en esta Navidad, es por medio de la práctica del amor y de la generosidad.
¿Cuántos actos de generosidad has realizado últimamente? ¿Cuáles son las oportunidades que Dios me da el día de hoy para ofrecer su amor y generosidad? ¿Podrías realizar más actos de generosidad en
esta semana que viene?

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