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Jan 28, 2019 | Carol E. Barnwell

Capitana de vuelo de la línea aérea Southwest sigue el llamado al diaconado

La capitana Rebecca Sparks irradia el espíritu de sus bisabuelos, quienes fueron de los primeros colonos del siglo 19 en la frontera noroeste de Texas. Una de las primeras mujeres piloto de la línea aérea Southwest, Sparks comenzó su travesía cuando cursaba el bachillerato, que la llevaría hacia el asiento de un avión 737, y luego yendo por una ruta aún más intricada, ella fue ordenada como diacono en junio del año 2018.

Rodeada de atenciones por sus abuelos, tías y tíos, Sparks creció en un rancho familiar rodeado de caballos y los cielos despejados del oeste de Texas cerca del Cañón Palo Duro, al sureste de Amarillo. Con el uso de una linterna, su tío Oscar entretenía a la pequeña de Sparks de cinco años con historias verdaderas de indios y vaqueros y hasta la dejaba mascar tabaco. La primera vez que manejo un automóvil, tenía ocho años.

 “Fue una infancia extraordinaria”, dijo ella. “Miro hacia atrás y fue como de novela”.

El padre de Sparks, un mecánico de aviones B-52 e instructor de la Fuerza Aérea, se incorporó en el negocio de los seguros cuando ella tenía un año de edad. Para cuando ella era una adolescente, la familia ya se había mudado a New Braunfels, en donde Sparks continuó fomentando su pasión equina en un equipo de prácticas junto con un grupo creado por el alguacil. Siempre y cuando ella tuviera caballos a su alrededor, Sparks dice, se lograba mantener alejada de conflictos.  No llegaron a faltar las miradas atónitas cuando llegó a cabalgar a través de un campo de golf.

La mayor de tres hijos de una familia muy unida, Sparks fue criada Bautista. “Mi madre era la secretaria de la iglesia y mi padre lideraba el coro”. Ella recuerda haber escuchado  al “gran Hubert Lindsey” en un evento de reavivamiento al que asistió con sus abuelos. “El dijo, no quieres ser una caja más de cereal de hojuelas de maíz, y mi corazón de 17 años de edad se aferró a eso”, Sparks dijo, explicando que ella sintió una revelación en ese momento y comenzó a reír a carcajadas. No paso mucho tiempo para que todos en aquel lugar comenzaran a reír sin parar. “Lo llamé mi bautizo por el espíritu Santo”, dijo ella, y eso la dejo con una profunda fe en Dios.

Sparks se pudo haber graduado con anticipación del bachillerato pero en lugar de eso,  escogió tomar un curso de conocimientos fundamentales para convertirse en una piloto del sector privado. El verano siguiente, ella trabajó  en el aeropuerto, tiempo de vuelo pagado mientras gravitaba por los amplios cielos.

Ella asistió a la Universidad del Centro de Texas en Killeen para continuar con su entrenamiento de vuelo y encontró trabajo como piloto comercial y de empresas privadas después de haber obtenido su titulo universitario. Al mismo tiempo transitó por un buen número de denominaciones buscando un lugar en donde aterrizar. “Yo fui Bautista, Discípulo de Cristo, Metodista, de la Asamblea de Dios…” Sparks dijo.  Ella asistió a una iglesia Episcopal con una amiga y consejera, Doris Bearden, y fue conmovida profundamente por la liturgia y la reverencia que experimentó.

”Las palabras tenían tanto significado. Aprendí que había un camino hacia adelante en mi travesía y yo estaría junto a otras personas”, dijo ella. “Creo que eso es algo muy profundo acerca de la Iglesia Episcopal. La gente desarrolla su creencia a través de sus experiencias compartidas. Todos son invitados a venir tal y como son y ahí hay libertad para convertirse en la persona que desde un principio estaba en el plan de Dios”, dijo Sparks.

Sparks se convirtió en un miembro activo de la iglesia San Cristóbal en Killeen, a pesar de su pesado horario de vuelos. Ella se unió a formar parte de  la línea aérea Southwest en el año 1981 y fue la séptima mujer capitana para el año 1991. Muchas de las actividades en las cuales ella se involucraba en el trabajo, reflejaban su naturaleza pastoral, mismas que fueron una imagen de lo que sería su ordenación como diacono.

La línea aérea Southwest le pidió a Sparks que pasara varias semanas con la familia de un piloto que murió en el choque de un avión privado, para ayudarles a atravesar por el dolor del evento. Cuando el esposo de una empleada de la línea aérea Southwest, encargada de los horarios de entrenamiento, murió repentinamente Sparks nuevamente hizo la labor de ministerio con estar presente para aquella viuda. Cuando ella sobrevoló el Centro Mundial del Comercio una semana después del ataque terrorista a las torres gemelas, fue Sparks, quien desde la cabina del piloto conminó a los pasajeros del vuelo y la tripulación a orar.

La antigua rectora de la iglesia San Cristóbal, la Reverenda Janice Jones, fue la primera persona en mencionar el diaconado. “Ella dijo, ‘¡Ya lo estás haciendo!’ y yo pensé,           ‘Bueno, pues probablemente tenga razón’. Soy una persona que busca por fuera para traer gente hacia adentro,” dijo Sparks. “Amé ayudando en la escuela dominical e involucrándome en alimentar a los indigentes que viven debajo de los puentes. Amo estar involucrada en las áreas en donde hay necesidad”.

 “La alegría de Becky aún en medio de lo que se le presentase llamó mi atención”, dijo Jones. “Ella compartía la vida y su profunda fe con mucha facilidad. Observé a Becky lista con un abrazo, una carcajada, una oración — siempre en busca de, en ambos sentidos, dentro y fuera de la iglesia, siempre dispuesta a servir.  Becky ya contaba con un corazón de diacono; pesar en su ordenación simplemente tenia sentido”, agregó Jones.

Después de un proceso de discernimiento, Sparks asistió a la escuela para el ministerio IONA, para el clero y diáconos bi-vocacionales, desarrollada por la Diócesis Episcopal de Texas. Las clases eran impartidas por profesores seminaristas, y se reunían un fin de semana al mes por tres años.

Durante su preparación para la ordenación, Sparks continuó viajando con la línea aérea Southwest, como piloto instructor de vuelo quien ayuda a certificar la capacitación de otros pilotos y ella participa en un programa llamado “Adopta a un piloto”, en el cual ella platica de lo que es ser piloto a niños de quinto grado de primaria.  Ella también trabaja en el programa de su empresa encargado de los estándares profesionales y lidera los esfuerzos hechos para el reconocimiento de los programadores de vuelo y otro personal de apoyo de la compañía.

Sparks siempre ha tenido un corazón de diacono para “representar a Cristo y su Iglesia, particularmente como una persona de servicio a los necesitados”. (Libro de oración común página 748) Sus acciones dan honor al aspecto humano de los que la rodean”. Cuando un indigente recientemente le pidió dinero, ella en lugar de dárselo le compartió una comida y conversó con él. Ha volado a veteranos de la segunda guerra mundial en vuelos de honor de Normandía a Washington, D.C. Ella ha trabajado como capellán en un hospicio.

“Lo que he aprendido es a estar presente con las personas con las que estoy conviviendo, ya sea dando un paseo supervisado o hablando con alguien que está pasando por una situación difícil. No puedo decir cómo o por qué Dios me mueve hacia donde lo hace. Sí sé que él quiere que yo esté presente,” Sparks dijo. “El amor es la única cosa que mantendrá al universo en su sitio”.

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